Estudio Bíblico: Un Verdadero Arrepentimiento
Un verdadero arrepentimiento, debe trascender en el ser interior, de cada persona cristiana evangélica y reflejarlo de manera auténtica; manifestando los siguientes resultados:
Es estar apenado por los pecados delante de Dios. El verdadero arrepentimiento es un dolor sentido no hacia uno mismo o hacia otra persona, sino primero que nada es un dolor genuino por haber ofendido a Dios. “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio” (Salmo 51.1-4; Salmo 38.8).
Ser veraz (sincero) con relación al pecado. “Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32.5; 1 Juan 1.9).
Apartarnos de nuestros pecados. La resurrección del Señor Jesús nos confiere, grandes esperanzas para el futuro. Él es llamado “el primogénito de entre los muertos” (Colosenses 1.18). En Su resurrección, nos abrió la puerta a todos los que creeríamos en Él, para que le siguiéramos y para también ser resucitados juntamente con Él, de entre los muertos. “El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28.13).
Aborrecer el pecado. “Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, Por lo cual te ungió Dios…” (Hebreos 1.9). “…y os aborreceréis a vosotros mismos a causa de todos vuestros pecados que cometisteis…” (Ezequiel 20.43-44).
Pagar las deudas a los acreedores, en cuanto sea posible. “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19.8; Levítico 6.1-7).
Un cambio sincero y cabal de la mentalidad; es una disposición en cuanto al pecado. Involucra un cambio de perspectivas, un cambio de sentimientos y un cambio de propósitos; de esta manera, se pueden vincular cuatro elementos muy importantes, para considerar:
El elemento intelectual. Involucra un cambio de perspectiva, en cuanto al pecado; que a su vez, es considerado como meramente una debilidad, un acontecimiento desafortunado o un error; pero, como una culpa personal.
“Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51.3). “…porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3.20). El pecado se reconoce como una transgresión contra Dios. Desde el punto de vista humano, el pecado de David, fue contra Betsabé y Urías su marido. Pero David reconoce, que también fue contra las leyes de Dios y exclamó: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio” (Salmo 51.4). Adicionalmente, el pecado se reconoce cometido contra uno mismo; no solo se ve como una culpa ante Dios, sino como aquello que viola y contamina a la persona. David sigue expresando: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve” (Salmo 51.7). Cuando Job, tuvo una nueva visión de Dios, dijo: “De oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42.5-6).
El elemento emocional. Pablo escribe lo siguiente: “Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Corintios 7.9-10). El Señor Jesús dibujó a un publicano, golpearse el pecho, en una de sus parábolas: “Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18.13). No hay manera de conocer, cuanta emoción se necesita, para un verdadero arrepentimiento. Pero no se puede pasar desapercibido, el verdadero movimiento del corazón, cuando uno es confrontado con su pecado. No todas las veces, un corazón arrepentido, se quebranta; pero en su mayoría sí. Por lo que hay una diferencia entre el remordimiento y el arrepentimiento; como también, se debe distinguir entre la verdadera angustia por causa del pecado y el sentimiento real de vergüenza por él. Cuando una persona es sorprendida en la comisión de un pecado, no necesariamente se va a arrepentir, por causa de su pecado; esto sencillamente, podría encajar en un remordimiento.
El elemento voluntario. Una de las expresiones empleadas, para el arrepentimiento, significa: cambiar de dirección. La más contundente ilustración, es la del hijo pródigo cuando dice: “Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. …Y levantándose, vino a su padre…” (Lucas 15.18, 20). Cuando el arrepentimiento afecta la voluntad, entonces se manifestará en:
Confesión del pecado. “Por tanto, confesaré mi maldad, y me contristaré por mi pecado” (Salmo 38.18). “Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo…” (Lucas 15.21).
Separación del pecado. “El que encubre sus pecados no prosperará; más el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28.13). “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos,…” (Isaías 55.7).
Volverse hacia Dios. “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar” (Isaías 55.7). No solo debemos arrepentirnos (volvernos), también hay que volver a Dios. “…porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Tesalonicenses 1.9-10). “…para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26.18).
Algo no meritorio. El arrepentimiento, no se debe considerar, como algo meritorio de una obra que se ha hecho; para que Dios, proporcione la salvación.
LA IMPORTANCIA DEL ARREPENTIMIENTO.
El arrepentimiento significa un cambio de actitud genuino que afecta la vida en alguna manera. Como otros términos teológicos significativos, hay que definirlo específicamente. Los cristianos pueden arrepentirse de pecados específicos y cesar de hacerlos.
En el Antiguo Testamento. Puesto que Israel debe a Dios obediencia absoluta y cae bajo juicio cuando se desvía, solo por el arrepentimiento puede restablecer su relación favorable con Él. La nación puede apartar para este reconocimiento un día entero (Nehemías 9; Isaías 63.7–64.12; Daniel 9.4–19; Oseas 9 y 14). Como símbolo de su renuncia al pecado, el arrepentido rasga sus vestidos, ayuna, se viste de cilicio, o se sienta en cenizas. Los profetas recalcan el aspecto personal del arrepentimiento (Acab, 1 Reyes 21), al exigir una reorientación de todo el individuo que conduzca a la obediencia, confianza en Dios, rechazo total a ídolo y dependencia de lo humano. El arrepentimiento demanda una renovación del espíritu y del corazón (Ezequiel 18.31); esto es posible, solo como consecuencia de la redención divina (Isaías 44.22; Jeremías 31.33; Ezequiel 11.19; 36.26).
En el Nuevo Testamento. Juan el Bautista, continúa con la demanda de arrepentimiento (Mateo 3.8, 10) y asimismo el Señor Jesús (Marcos 1.15; Lucas 13.1-2), pero con mayor énfasis en la limpieza interior y la totalidad de la demanda divina (Lucas 14.33; Mateo 18.3; Lucas 5.32). En un nuevo sentido, el Señor Jesús hace posible el arrepentimiento, porque este se completa con la fe, con el discipulado cristiano. En la predicación de la iglesia apostólica, el arrepentimiento es básico (Hechos 3.19; 2 Corintios 7.9; Hebreos 6.1; Apocalipsis 2.21); se relaciona con el bautismo (Hechos 2.38), con la fe (Hechos 20.21) y con el perdón (Lucas 24.47). Este regreso a Dios (1 Pedro 2.25), se basa en la obra de Cristo (Hechos 17.30); es a la vez una responsabilidad humana (Hechos 8.22) y un don de Dios (Romanos 2.4; 2 Timoteo 2.25) mediante el Espíritu (Hechos 10.45).
Lo que envuelve. De manera que el arrepentimiento, viene a ser el acto del hombre mediante el cual siente pena y dolor por los pecados cometidos contra Dios, los confiesa y decide volverse por completo hacia él para ponerse bajo su señorío. Y tener claro lo siguiente.
Saber que somos pecadores, ante la presencia de Dios (Salmo 51.3-4).
Un profundo sentimiento de remordimiento, por nuestros pecados (2 Corintios 7.10-11; Lucas 18.13; Salmo 38.18)
Un abandono completo del pecado, para seguir a Dios (1 Tesalonicenses 1.9; Hechos 26.18).
Dios responde a través del perdón, de nuestros pecados (Hechos 2.38; Hechos 5.31; Hechos 8.22; 1 Juan 1.9).
El verdadero arrepentimiento es conocer sin excusas nuestro pecado y dejarlo a los pies de la cruz de Jesús, no volviendo a el,no gozando os en su recuerdo.
Dios te bendiga.
Pastores Roger Salazar y Pablo Román Caballero
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