Tienes una vida de oración, o solo haces oraciones ''religiosas''? por el Rev Néstor Blanco

La llave para sustentar nuestro intenso deseo de estar completamente entregados a Dios, es tener encuentros frescos y nuevos con su corazón.  He visto a muchas personas en conferencias y reuniones, responder al mensaje para ser seguidores radicales y sinceros de Jesús; sin embargo, el llamado a ser sinceros no es lo mismo que la capacidad de vivirlo día a día.

Mike Bickle.

Una Cita en el Altar. Néstor A. Blanco S.

¿Por qué estamos tan seguros de que la carencia de vida de oración es la causa esencial de las caídas en el mundo cristiano? Porque aunado a lo que ya hemos observado en el panorama bíblico; hemos aprendido a hacerle una pregunta directa a las muchas personas que acuden a nosotros con crisis de pecaminosidad, usualmente recurrente: ¿Cómo es tu vida de oración?. Comenzamos así para ubicarnos, pero jamás una sola persona en situación de crisis espiritual nos ha confesado respeto por el altar de Dios. Las respuestas son siempre las mismas: Ay pastor, yo oro cuando me voy al trabajo/ Yo no tengo vida de oración/ Yo oro de noche cuando me acuesto/ Hace mucho que no oro”, etc. Las respuestas de los líderes, esas personas que tienen cargos en la iglesia, tienen una variante, porque por su posición a veces “deben” orar, no porque lo deciden voluntariamente, sino porque su oficio los obliga a hacerlo, lo cual es como si no lo hicieran. Ellos suelen estar ocupados en los menesteres de la “obra de Dios”, haciendo a veces algunas oraciones, pero sin vida de oración; de manera que cuando la tentación llega no tienen con qué responder y caen en las garras del enemigo para dolor suyo y confusión de los creyentes, que no pueden entender el porqué de la caída de su líder. Se han olvidado de la sentencia bíblica:“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”.

La Unción y la Gloria por Tommy Tenney

Hemos prostituido demasiado la unción de Dios. Nos preparamos para Él y nos empapamos de su preciosa fragancia, y luego, todo lo que hacemos es un espectáculo para la gente. Nunca llegamos a la recámara del Rey, pues en el camino terminamos flirteando con otros, seducidos por ellos y nos convertimos en amantes baratos. Es necesario que recordemos que nuestro rey no aceptará “productos sucios o manchados”. Solamente las vírgenes pueden entrar a su recámara. Digo que prostituimos la unción de Dios en el sentido en que consideramos: “¡Que buena predicación!” o “¡Que hermosa interpretación!” y le damos al hombre la gloria y la atención (o la buscamos de él). Procuramos agradar a la carne, buscamos la complacencia humana. Aun nuestros servicios están estructurados para complacer a la gente. La unción produce en realidad una cantidad de cosas buenas en nuestra vida y rompe el yugo de la opresión. Pero éstas son solo un subproducto. Es algo así como cuando yo me aplico colonia para agradar a mi esposa. El subproducto es que yo huelo bien a todo el mundo, pero el verdadero propósito al aplicármela es, en forma primordial, agradarla a ella. El problema con la unción surge cuando la utilizamos para impresionar y para “flirtear” con otros. Pasamos por alto sus propósitos de encubrir el ofensivo humor de nuestra propia carne.

Visitas: 8

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de CristianoBook para añadir comentarios!

Participar en CristianoBook

© 2017   Creado por Pablo Roman Caballero.   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio