REFLEXION DE LA HORA por el Rev Nèstor Blanco ENCUENTRO CON DIOS

La oración no es nada más una herramienta para conseguir, sino un camino para entrar a la presencia de Dios y hacer su voluntad, lo cual nos transforma. “…Gozosos en la esperanza, sufridos en la rtribulación; constantes en la oración” Romanos 12:12

Es,por lo menos, ingenuo, pretender que el Señor nos va bendecir dándonos lo que le pedimos; cuando al mismo tiempo hacemos con nuestra vida lo que a nosotros nos parezca. No hay que olvidar que la vida de oración es relación. Las relaciones se cultivan, se construyen, hay que dedicarles tiempo. En esto tenemos que sincerarnos. La verdadera bendición de Dios implica su verdadero señorío en nosotros.

Cuando el rey David se arrepintió de su pecado de adulterio, entendió que más allá del acto de oración de arrepentimiento, se requería una actitud del corazón que estaba por encima del acto formal de presentar sacrificios. El salmista entendía que para el Señor era más importante la intención de santidad constante de un corazón, que la manera religiosa, de expresar el pesar por un pecado. Para Dios siempre es más importante lo que somos que lo que hacemos.“…Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado nodespreciarás tú, oh Dios”.Salmos 51: 16-17.

La Verdad de Dios. Art Katz

¿Hasta qué grado somos diferentes de Ananías y Safira? ¿Buscamos y anhelamos la evidencia y poder de una vida totalmente entregada a Dios, mientras nos ofrecemos solo en parte? Todos queremos dar la apariencia de estas cosas, queremos el confortamiento del Espíritu, la comunión íntima, pero deseamos eso al precio menor de reconocer la verdad solo doctrinal o correctamente; en lugar de reconocer a la verdad como la suma y la sustancia de la realidad de nuestras vidas. Queremos la apariencia de verdad, pero no estamos preocupados con ser verdaderos. Deseamos las palabras correctas. Queremos aprobar la verdad, pero no obedecerla. ¡Por lo tanto, tenemos solo la verdad parcial y fraseológica, haciendo que eso pase como el todo, como si tuviésemos la realidad que estamos describiendo!

El tolerar voluntariamente tanto así como una sola mentira es violar toda la verdad. Ser noventa y nueve por ciento verdaderos, o verdaderos por la mayor parte, y presentar eso como toda la verdad es, en efecto, la mayor de las mentiras. Pecar en cualquier parte es haber pecado en el todo. Es en el área en la que estamos más tentados a ocultar donde el asunto de la verdad está realmente. ¿Cuál es la única verdad, el asunto final, aquella reserva que nos impide entregarlo absolutamente todo a Dios? ¿Qué ha de cambiar para hacer que la verdad sea realmente la verdad, y traer a la Iglesia y a su comunidad la realidad de la presencia y gloria de Dios?

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