RENOVADOS POR CRISTO

Pastor Jorge L. Cintrón

 

“El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Isaías 40:29-31

El profeta Isaías en su visión de llamamiento recibió una encomienda muy difícil.  La voz del Señor le dijo: “Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad”. (Isaías 6:9-10) Isaías respondió: “¿Hasta cuándo, Señor?” Y el Señor le dijo: “Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto;  hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra”. (Isaías 6:11,12)

Al cumplirse ese tiempo Isaías la voz profética Es transformada por Dios “Consolaos, consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios”. ….. “Háblale al corazón de Jerusalén; dile a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados. Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado”. (Isaías 40:1-5)

“Súbete sobre un monte alto, anunciadora de Sion; levanta fuertemente tu voz, anunciadora de Jerusalén; levántala, no temas; di a las ciudades de Judá: !Ved aquí al Dios vuestro! He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro. Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas”. (Isaías 40:9-11) “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. (Isaías 40:28-31)

Ese mensaje de renovación para Israel comienza a fluir a partir del capítulo 40 de Isaías. Israel estaba cruzando la época incierta de la sucesión del imperio babilónico por el imperio persa que provocaba una oleada de inquietudes. Israel regresó a su tierra del exilio. Más Israel no entendió que esa renovación proclamada a través de Isaías iba más allá de su nación y de su tiempo.

Isaías es conocido por algunos como el profeta evangélico. Él presenta dos profecías que son vitales para entender la renovación que proclama

Primera profecía: el nacimiento de un niño.

“Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.  El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. ….. Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto”. (Isaías 9:1,2,6,7)

Segunda profecía: el surgimiento del Siervo Sufriente

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. …..  Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos”. (Isaías 53: 3-5, 7-11)

Esa dos (2) profecías se cumplen en Jesús. La renovación proclamada por Isaías se realiza a través de Jesús.

El 6 de enero dentro de nuestra cultura se recuerda el momento en el cual los magos de oriente la ofrecieron presentes al niño que nacía en Belén. Niño que crecería y se convertiría en el siervo sufriente

Los regalos que le ofrecieron fueron incienso, oro y mirra

Quien desee ser renovado por Cristo tiene que reconocerle como: Dios, representado en el incienso; Rey representado, representado en el oro; y Salvador representado en la mirra.

La renovación en Cristo provoca: “esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas”.

Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” Isaías 40:29-31

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