PADRE DE FE

Pastor Jorge L. Cintrón

 

“Estaba hablando aún, cuando vino uno de casa del principal de la sinagoga a decirle: Tu hija ha muerto; no molestes más al Maestro.” Lucas 8:49

 

Al reflexionar en un día como el de hoy hice una pequeña lista de padres de historias del Antiguo Testamento.

Abraham, Jacob, David, Elí y Job. Todos ellos son hombres reconocidos como hombres de bien. Al hacer esta lista traigo a mi mente el papel que desempeñaron como padres.

 

  1. Abraham fue el padre de Isaac.
  2. Jacob fue el padre de José
  3. David fue el padre de Salomón
  4. Elí fue el padre de Ofni y Finees
  5. Job el padre de siete hijos y tres hijas.

 

Los primeros tres, Abraham, Jacob y David, aunque los reconocemos como hombres de Dios en su rol paternal hay aspectos que no son muy alentadores.

 

  1. Abraham, aunque es padre de la fe, al estar aguardando el cumplimiento de la promesa, se llegó a Agar y tuvo a Ismael. Posteriormente tuvo a Isaac de Sara. Hubo unas situaciones no muy agradables en su relación con Ismael.
  2. Jacob, padre del pueblo de Israel, amó de forma “desmedida” primeramente a José y luego a Benjamín. Esto causó una situación de malas relaciones entre sus hijos.
  3. David, quien recibió la promesa de que sobre el trono de Israel siempre habría alguien de su descendencia adulteró con Betzabe. Le nació un hijo de esa relación que murió y luego tuvo a Salomón con Betzabe.

 

No obstante estas situaciones no muy alentadoras en su rol de padres Dios los utilizó como hombres de bien y en cierta manera restauró sus desaciertos.

 

Hace muchos años atrás aprendí un dicho que desde lo escuché me acompaña: Dios es un experto escribiendo derecho con lápices virados como somos muchos de nosotros.

 

Los otros dos, Elí y Job, se preocuparon por la conducta de sus hijos.

 

Lamentablemente, los hijos de Elí no tomaron en cuenta las amonestaciones que su padre les hacía, trayendo la destrucción de su familia.

 

Job como padre fue extraordinario. Sus hijos e hijas hacían fiestas y él ofrecía sacrificios pensando quizás ellos han pecado.

 

Bienaventurados los padres:

 

  1. Bienaventurado el padre, que pobre en fuerzas propias, busca el Reino de Dios porque de él es ese Reino.
  2. Bienaventurado el Padre que, en todas sus aflicciones llora y ora, porque será consolado.
  3. Bienaventurado el Padre que, al educar a su hijo, es suave aun siendo firme, pues así obtendrá resultados más duraderos que con el rigor.
  4. Bienaventurado el Padre que, no contento con solo alimentar el cuerpo de su hijo, despierta en él hambre y sed de justicia, porque esta aspiración encontrará un día su recompensa.
  5. Bienaventurado el Padre que, practica la misericordia con su hijo porque le ayudará a creer en la misericordia de Dios.
  6. Bienaventurado el Padre que, mirando a su hijo, aprende a ser humilde y puro, porque en él descubrirá las cosas escondidas a los sabios de este mundo.
  7. Bienaventurado el Padre que, espera en paz, porque ayudará a su hijo a creer en el Reino de los cielos.
  8. Bienaventurado el Padre que, muere en el Señor, porque descansará de sus trabajos, pero en los lugares  vacíos que ha dejado en su hijo su obrar es recordado.
  9. Bienaventurado el Padre que muere con la certeza que un día se encontrará con su hijo en la gloria del Reino de Dios

 

Al regresar Jesús a Capernaum, después de haber estado en Gadara, un padre viene a su encuentro. La hija única de este padre, tenía unos doce (12) está agonizando y le pide a Jesús que vaya a su casa. Jairo era el principal de la sinagoga.

 

Algunos estudiosos señalan que la acción de Jairo no fue producto de la fe sino producto de la desesperación. Un padre cuando se encuentra en la situación de Jairo está dispuesto a hacer muchísimas cosa para salvar la vida de un hijo. ¿Desesperación? ¿Fe? A veces la desesperación es el botón que enciende la fe

 

Lecciones para ser personas de fe

 

Primera lección: vencer los prejuicios.

Al ser Jairo el principal de la sinagoga estaba encargado de que todo lo que se hiciera en la sinagoga fuera hecho correctamente. Los judíos ya habían comenzado a rechazar a Jesús. Jairo como principal de la sinagoga sabía esto. El dilema al cual él se enfrentaba era: seguir lo que los líderes del judaísmo señalaban o recurrir a quien podía salvar a su hija.

 

Segunda lección: olvidarse de la dignidad

Jairo al llegar ante Jesús se postró. Al el ser el principal de la sinagoga no tan solo tenía la responsabilidad de que todo lo que se hiciera en la sinagoga fuera hecho correctamente, sino que tenía un lugar de prestigio en la comunidad. El gobernador de la sinagoga vino y se postró a los pies de Jesús, el Maestro ambulante.

 

Tercera lección: humillarse

Él le rogó que entrase a su casa. A nadie le gusta deberle un favor a otro. Tenemos el concepto de que no necesitamos de nadie.

 

Cuarta lección: olvidarse de los demás.

 

Aparentemente Jairo vino solo a donde estaba Jesús. Es interesante notar que Jairo dejó a su hija moribunda y vino a Jesús. Siendo el principal de la sinagoga pudo enviar a alguien a buscar a Jesús. Mientras él está yendo con Jesús alguien de su casa viene a decirle que su hija a muerto que no moleste al Maestro. Pienso que lo que he expuesto me señala que los que estaban cerca de Jairo no estaban de acuerdo con lo que él estaba haciendo.

Esta historia finalizó con la resurrección de la Hija de Jairo.

Estemos dispuestos a ser personas de fe y llevemos a nuestros hijos a desarrollar también vidas de fe.

El salmista al escribir el salmo 78 señaló:

“Escucha, pueblo mío, mi ley;

Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.

Abriré mi boca en proverbios;

Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos,

Las cuales hemos oído y entendido;

Que nuestros padres nos las contaron.

No las encubriremos a sus hijos,

Contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová,

Y su potencia, y las maravillas que hizo.

El estableció testimonio en Jacob,

Y puso ley en Israel,

La cual mandó a nuestros padres

Que la notificasen a sus hijos;

Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán;

Y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos,

A fin de que pongan en Dios su confianza,

Y no se olviden de las obras de Dios;

Que guarden sus mandamientos,

Y no sean como sus padres,

Generación contumaz y rebelde;

Generación que no dispuso su corazón,

Ni fue fiel para con Dios su espíritu.”

(Salmo 78:1-8)

 

Hay que ser intencionales. Hay que decirles a los hijos quién es nuestro Dios

  1. El Padre que nunca está suficientemente ocupado para no atenderme
  2. El que siempre me ha cuidado.
  3. El que me ha acompañado en todo lo que he hecho.
  4. El que ha estado siempre cerca de mí.
  5. El Padre que siempre  ha estado dispuesto a escucharme.
  6. El que mejor me conoce.
  7. El que me ha dado seguridad.
  8. El Dios en el cual se puede creer.
  9. Él ha sido mi proveedor.
  10. Él es un Padre dadivoso.

Hay que decirle a nuestra descendencia lo que Dios demanda de ellos.

  1. Dios pide se le ame.
  2. Dios pide se le adore.
  3. Dios pide obediencia.

Nuestros hijos necesitan padres de fe. Hombres y  también mujeres que se acerquen a Jesús: postrados, rogándole por ellos. Hombres y mujeres que se olviden de lo que otros hacen y pongan su mirada en Cristo Jesús.

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