Viernes 19 de mayo

La tristeza nunca viene de Dios; porque Él quiere que en sus Hijos haya plenitud de gozo. El gozo es una de las manifestaciones del fruto del Espíritu Santo en el creyente. El gozo se inicia en el creyente cuando reconoce a Jesucristo como su Salvador personal; experimentando personalmente el amor de Dios en su vida. El gozo se fortalece cuando el creyente medita en las recompensas que Jesucristo ha preparado  para cuando él comparezca ante el Padre. El gozo se mantiene aún en medio de las dificultades cuando el creyente percibe que Dios tiene cuidado de él. ¡Regocíjate en el Señor siempre! (Jorge L. Cintron)

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