EL DIOS QUE TRANSFORMA

Pastor Jorge L. Cintrón

 

El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.

Hechos 9:5,6

 

La conversión de Pablo a la fe cristiana fue un evento de suma importancia para la iglesia naciente. Lucas incluye en tres (3) ocasiones en el libro de los Hechos.

 

Lucas en el capítulo nueve (9) del libro de Hechos relata la experiencia de conversión de Pablo.

 

Lucas coloca en  Hechos 22:5-16 a Pablo relatando su experiencia de conversión al pueblo cuando fue arrestado en Jerusalén.

 

Nuevamente Lucas va a colocar a Pablo cuando comparece ante Agripa (Hechos 26:12-20) narrando su conversión.

 

Es interesante notar que Lucas cierra los eventos de la conversión de Pablo señalando los siguiente: “Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.” (Hechos 9:31)

 

Resulta también interesante lo que Pablo le escribe a la Iglesia en Filipo sobre, diría yo, el impacto que tuvo en él la experiencia que vivió en el camino de Damasco: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.” (Filipenses 3:7-11)

 

¿Qué era lo que Pablo estimaba como ganancias antes de conocer el amor de Cristo?

 

Él mismo lo señala en los versos anteriores a estos en la carta a los Filipenses: Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;  en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.” (Filipenses 3:4-6)

 

Al Pablo escribirle a los Corintios una lista de testigos de la resurrección de Jesús se incluye a si mismo en esa lista.

 

Y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo” (I Corintios 15:8-10)

Lucas describe a Pablo cuando comienza su viaje que lo va a llevar al camino de Damasco: “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote,  y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.”  (Hechos 9.1-2)

 

Hay que notar la gran diferencia que hay entre el Pablo que entra al camino de Damasco y el Pablo que sale del camino de Damasco. Lucas describe como salió del camino de Damasco: “Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco,  donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.” (Hechos 9:8,9)

 

¿Qué le aconteció?

 

Sencillo pastor; tuvo un encuentro con Jesucristo. Vino una luz que lo cegó y escucho la voz de Jesús diciédole: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.”  Es correcto pero…

 

No fue que Pablo al tener esa experiencia fue impactado emocionalmente. A Jesucristo no se viene por las emociones. El que viene a Jesús por las emociones a la larga y a la corta vuelve atrás. El que viene a Jesucristo por las emociones sigue con sus mismos estilos y sus mismos patrones.

 

No fue que Pablo al tener esa experiencia entendió que Jesús era el Cristo y el Salvador. A Jesucristo no se viene por el razonamiento. El que viene a Jesús por el entendimiento a la larga y a la corta vuelve atrás. El que viene a Jesucristo por el entendimiento sigue con sus mismos estilos y sus mismos patrones.

 

Lo que aconteció fue que el espíritu de Pablo recibió la revelación de que quien se le había aparecido era el Señor.

 

Jesús cuando Pedro hizo su gran confesión: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.” le respondió: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 16:16-17)

 

Pablo escribiéndole a la Iglesia en Corinto señala: “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” (1Corintios 12:3)

 

Es interesante como esta historia de la transformación de Pablo finaliza.

 

“Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.” (Hechos 9:17-18)

 

Al uno ver la experiencia que le aconteció a Pablo en el camino de Damasco uno puede notar unas marcas para una transformación en Cristo.

 

Recibir la revelación de Dios de que Jesús es el Salvador.

Ser lleno del anhelo de obedecer a Jesús y hacer su voluntad.

Desarrollar una vida de oración.

Ser bautizado

Unirse en comunión con el pueblo de Dios.

Comenzar a testificar poderosamente de Jesús.

Permitir que la gracia de Dios siga obrando continuamente en uno.

 

El que tiene un encuentro con Cristo Jesús es transformado. Una persona no puede tener un encuentro Salvador con Cristo sin que haya transformación en ella.

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