En un humilde y pobre barrio, conocido como Hato Viejo Cumbre del pequeño pueblo de Ciales, en el centro de la isla de Puerto Rico, nació una niña.  Al igual que todo padre responsable, pusieron en ella todo su amor y esperanza, para cuidarla y protejerla.  En innumerables ocasiones, no había mucho para comer, pero ella podía ver a mamá y papá que se abrazaban y se daban un beso y papá le decía a mamá: “ya aparecerá para  mañana”.  Siendo muy niña aún, sus padres fallecieron, quedando huérfana.  En su orfandad e inocencia fue recogida por una familia del barrio, pero ya no era lo mismo.  El amor de mamá y papá faltaba en su vida.  Tan pronto fue jóven, buscando sentir nuevamente esa felicidad, se enamoró de un jóven del barrio que era buen mozo. 

 

Tan pronto se casaron comenzó a tener hijos, pasando ella y sus hijos por necesidades mayores que las que ella pasó en su niñez.  El joven con quien se casó era un bebedor, jugador y mujeriego.  Después de tener los primeros tres hijos tenía una vida, practicamente terminada, de amargura, sin sentido, carente del amor que estaba buscando.  Intento refugiarse en el espiritismo, y cada dia hacia muchas oraciones a todos los santos, prometiendo velas y lámparas de aceite a los santos para que cambiaran a su esposo, pero mientras mas oraciones hacía, mas malo se ponía.   Si no había para comer, menos había para comprar las velas y el aceite que prometía. 

 

Decidió terminar aquella tortura, cuando su esposo un día le pidió que la planchara una camisa, advirtiéndole que debía quedar muy bien planchada ya que esa tarde iría a ver a una novia.   Esa fue la gota que desbordó la copa.  Entonces el enemigo de la almas comenzó a ponerle cosas en su mente.  Se dirigió a un rancho de tabaco que estaba cerca de la casa y hurtó un poco de veneno para matar gusanos de tabaco.  Con aquel veneno preparó un poco de arroz con leche y luego le echó todo el veneno que había hurtado.  Aquel arroz con leche envenenado se lo iba a dar primero a sus hijos y luego ella comería el restante. 

 

Dejó aquella olla de muerte en el fogón, para que se mantuviera caliente,  mientras planchaba la camisa y lloraba amargamente.  Decía entre si “yo voy a ver que va a hacer cuando venga a buscar la camisa y nos encuentre a todos muertos”.   Satanás es mentiroso y padre de mentira, ella no iba a poder ver la reacción del esposo ya que se iría derecho al infierno, aunque sus hijos inocentes se irían con el Señor. 

 

Mientras planchaba la camisa y lloraba escuchó pasos por el angosto sendero de piedras que conducía hasta la casa.  Parecía que alguien vanía subiendo la cuesta hacia su casa y se asomó por el balcón.  Pudo ver que un hombre con camisa de manga larga, corbata y sombrero que venia al frente y detrás otro hombre vestido todo de blanco.   Aquellos hombres llegaron al batey y el que tenía sombrero le dijo: “Hermana, Dios le Bendiga”, mientras que el que estaba vestido de blando se mantenía callado detrás del que tenía sombrero. 

 

En su dolor ni siquiera le importaba lo que aguellos hombre pudieran hacerle.  Pero pensó para si, hermana de qué si el no es hermano mío, tampoco es mi padre para echarme la bendición.  Entonces le preguntó en que podía servirles.  El hombre del sombrero le dijo su nombre y se identificó como el Pastor de la Iglesia que estaba muy cerca a su casa.  Continuó diciéndole que mientras estaba orando en la Iglesia, sintió una enorme inquietud por visitarla y así lo hizo.  Comenzó a hablarle del plan de salvación, mientras le decía que las cosas estaban malas ya que el enemigo de las almas esta haciendo que las personas hasta se quiten la vida.  

 

Cuando le dijo así el corazón le dió un vuelco, ella pensó que ese hombre era un buen espiritista ya que le estaba diciendo lo que ella pensaba hacer.  Pensó para si, “con este espiritista me voy a consultar, porque parece que si sabe mucho.”  Cuando hubo terminado de presentarle el plan de salvación aquel hombre le pregunto si quería hacer una oración con él.  Entonces ella le pregunto cual oración le traía, “si la de San Justo Juez, la de el Sagrado Corazon de Jesús o cualquiera otra.  Su respuesta fué: “No hermana ninguna de esas, vamos a orar aquí y ahora.”  Aquel hombre comenzó a orar y no recuerda nada mas hasta que volvió en sí y él la ayudaba a levantarse del suelo. 

 

Entonces notó algo muy raro, se sentía muy liviana, como si le hubieran quitado una carga pesada de los hombros y exclamó: “perdóname Dios mío” cuando recordó el veneno que tenía para matar a sus hijos y matarse ella.  Salió corriendo y  echó el veneno en la letrina.  Entonces le preguntó al hombre del sombrero dónde estaba el otro hombre que estaba vestido de blando.  Este le dijo:  “hermana yo estoy solo, vine porque sentí una enorme inquietud de visitarla.  Déjeme decirle que su casa estaba llena de demonios, ahora meta a Jesús en ella y no lo deje ir.”

 

Desde entonces cada Domingo en la mañana salía para la iglesia con sus hijos pequeños.   El esposo no cambió, cada día estaba peór pero a ella ya nada le afectaba.  Se sentía gozoza de poder ir a la iglesia.  El seguía bebiendo, jugando y siendo infiel hasta el punto que tuvo un hijo en otra mujer.  Ella tuvo cinco hijos más para un total de ocho.  Seguía pasando hambre pero había un ambiente diferente en el hogar, Jesús estaba allí.

 

Para poder sostenerse ella y sus hijos criaba gallinas y los huevos que ponían las gallinas eran usados para almentarse además de venderlos en la tienda del barrio y con el dinero compraba otras cosas. 

 

En una ocación había bendido un huevo en cinco centavos y los tenía en sus manos para cuando saliera del culto ir a comprar algunas cosas con los cinco centavos.  En esos momentos comenzaron a recoger la ofrenda en el templo y ella pensó: Señor, pérdoname pero lo que tendo son cinco centavos y los necesitos para comprarle algo a los nenes.  Cuando pasaban el plato de la ofrenda no se atrevió dejarlo pasar sin echar nada y echo los cinco centavos.  Después que los echó estaba turbada porque no sabía como iba a comprar los víveres para sus hijos.

 

Se terminó el culto pero ella estaba encerrada en su pensamientos pensando que comerían sus hijos en aquel día ya que había echado los cinco centavos en el plato.  En esos momentos el Pastor le estrechó la mano a la salida del Templo, mientras le decía ”Dios le bendiga, hermana.”  De pronto sintió que el Pastor le había dejado un papelito en la mano.  Sintió como el corazón se le aceleraba pues penso que el Pastor le había dejado un pesito.  Tendría comida para ese día y para mañana.  Se dirigió a la tienda y con el rabo del ojo miró con cuidado su mano, como escondiéndose para que nadie la viera mirando el pesito.  Cuando abró un poquito la mano por poco se cáe al piso del susto.  Aquel pesito tenía un número cinco bién grande.  Ella había dado cinco centavos y Dios le había devuelto cinco dólares.  Llegó a la tienda adorando a Dios como una loca, salió de la tienda y todo el camino hacia su casa fué adorando y glorificando el nombre de Dios.  

 

El 27 de abril cumplió ochenta y cuatro años y recientemente sufrió un pequeño derrame cerebral y se le olvidan muchas cosas, pero siempre tiene a Dios en su hablar y a todos les habla de lo bueno que ha sido con ella.

 

Recuerdo una vez en que me encontraba emfermo con fiebre y no quería comer nada.  Me encontraba añangotao (en cuclillas) en el batey de la casa jugando con tierra.  Esa mujer me miraba desde el balcón, sin barandas, de la humilde casa.  Frente a la casa había un enorme árbol de panas y sus ramas parecían tocar el cielo de tan alto que era.  Cuando mire al palo de pana, pude ver en una de sus ramas, la mas alta, que le quedaba una pana.  Era la única que había porque estaba tan alta que nadie la había podido tumbar.  Entonces señalé con mi pequeño dedo hacia la pana y le dije:  “Mami, yo me comería un cantito de aquella pana.” 

 

Puedo recordar como si fuera ahora la cara de impotencia de mi madre cuando vió aquella pana tan alta y esclamó con un enorme suspiro del corazón; “Dios mío, quién me tumbará esa pana.” 

 

Al terminar de hacer esta exclamación la pana se goteó (argot jíbaro para expresar la caida por si sola).  Yo la ví caer y escuché a mi madre decir, “ay hijo se goteó, lo que quiere decir que ya no sirve, debe estar podría, pero déjame ver si tiene un cantito bueno.”   Cuando la verificó la pana estaba en buenas condiciones y se alegró grandemente.  Hirvió aquella pana en agua de sal y comí de ella hasta recobrar mis fuerzas.   La fiebre me abandonó y volví a jugar con tierra.  Desde entonces mi madre, cuando testificaba, decía, yo le sirvo a un Dios que tumba panas, aleluya. 

 

El nombre de esa mujer es Adela Cortés Rivas, mi madre, quién me llama su primera florecita.  Ayúdeme a interceder por ella.  Dios les bendiga abundantemente y gracias por sus oraciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Paula Reyna Herrera Comentario de Paula Reyna Herrera el enero 30, 2012 a las 5:59pm

Y es verdad mi Cristo jamas llega tarde, El está siempre atento, nos ama, es generoso y paciente.

Dios les bendiga a todos los que participan para que este alimento tan rico llegue a nosotros.

Paula Reyna Herrera Comentario de Paula Reyna Herrera el enero 30, 2012 a las 5:57pm

Siempre le pido a Jesus que sea mi comopañero todo el dia y por la noche le digo que se quede en mi corazon, esto me ayuda a tener buenos pensamientos siempre y alabo y bendigo su nombre por ser tan maravilloso conmigo hoy y siempre...........Cuan Grande es El. 

Aunque aveces el enemigo te tienta pero para eso tengo esta pagina la cual me ayuda a alimentar mi espiritu y mi FE se hace GRANDE Y FUERTE.

Griselda Benitez Comentario de Griselda Benitez el noviembre 30, 2011 a las 5:37pm

Qué grande es nuestro Dios!

cora zapata perez Comentario de cora zapata perez el octubre 30, 2011 a las 12:28am

que hermosa enseñanza y que linda leccion de vida le doy gracias a Dios y loas bendigo con abundante salud

 

LISETT A. SANCHEZ Comentario de LISETT A. SANCHEZ el octubre 7, 2011 a las 4:52pm
es una gran enseñanza de fe,  bella historia de reflexion tanto para el inconverso como para los cristianos.  gracias y que dios les siga bendiciendo y sanando poderosamente....lisett
Ruth Valdez Comentario de Ruth Valdez el octubre 4, 2011 a las 12:59am
Cuán Grande y cuán misericordioso es el Señor, El es Incomparable, Su Amor no tiene fin, sus hechos me asombran cada día! Precioso testimonio!!
hipolito holguin Comentario de hipolito holguin el octubre 1, 2011 a las 9:23am
verdaderamente Dios es fiel nunca dejara de ser fiel para con sus hijos
BISMEL FERNANDEZ  VIANA Comentario de BISMEL FERNANDEZ VIANA el septiembre 30, 2011 a las 3:36pm
DIOS ES GRANDE , EL SUPLE NUESTRA NECESIDADES ., bonito testimonio , cuando  DIOS  entra en nuestra vida es un cambio que vamos a tener , y lo mas importante , que el suple nuestra necesidades . GRACIAS QUE DIOS LOS BENDIGA
Mariu (Maria Eugenia) Comentario de Mariu (Maria Eugenia) el septiembre 30, 2011 a las 9:42am
Que bueno es Dios!! Que BUENO es Dios!!! Aleluya!!!
carlos alberto Comentario de carlos alberto el septiembre 30, 2011 a las 6:02am
hermoso testimonio,DIOS es fiel y su misericordia es para siempre. padre oro en el nombre de nuestro señor jesucristo por nuestra hermana adela cortes rivas bendicela da le fuerzas como las del bufalo y llenala de muchos años mas de vida, has en ella tu voluntad y tu favor esten siempre con ella amen y amen

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