¿De verdad somos santos? por el Rev Néstor Blanco

Si no somos santos, pues tampoco somos cristianos, porque ser santo es inmanente con la condición de ser cristiano.

Eward Mckendrie Bounds, mejor conocido como E. M. Bounds, es un nombre que Ud. no debe olvidar. Hombres de esta estatura deben tener un lugar primordial en la iglesia de hoy. Escribió nueve libros, de los cuales siete fueron acerca de la oración. No pierda de vista su trayectoria, fue un varón de Dios que vivió para orar, para enseñarnos a orar y para desvelar las profundidades y los misterios de la oración. Perteneció a esa clase de personas que pasan por el mundo y dejan huellas indelebles sin hacer ruido. De él se ha dicho: “…No hay hombre, de los que han vivido desde el tiempo de los apóstoles, que le haya sobrepasado en las profundidades de su maravillosa búsqueda dentro de la vida de oración” La primera vez que un libro suyo cayó en nuestras manos percibimos de inmediato que estábamos delante de un verdadero apóstol, un especialista de la oración; porque cuando un hombre ha estado en la presencia de Dios en oración como él lo estuvo, forzosamente transmite esa presencia, tal como sucedía con Moisés: “…Y al mirar los hijos de Israel el rostro de Moisés, veían que la piel de su rostro era resplandeciente; y volvía Moisés a poner el velo sobre su rostro, hasta que entraba a hablar con Dios”. “La oración, -decía Bounds- es una obra humillante. Abate el intelecto y el orgullo; crucifica la vanagloria y señala nuestra bancarrota espiritual. Todo esto es, para la carne, duro de soportar. Es más fácil no orar que soportar la humillación”.

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El Conocimiento de Dios. Art Katz “Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos” (Oseas 4:1-6). ¿Cómo es esto apropiado a nosotros como la Iglesia? Uno de los más severos pronunciamientos contra Israel, durante uno de los puntos más bajos de su historia de deslices, fue aquél declarando que el conocimiento de Dios había sido desechado. Tener el verdadero conocimiento de Dios es salvación verdadera. ¡Dios es santo, formidable, justo y temible! Si no hay conocimiento de Dios, entonces no habrá conocimiento de la verdad o de la misericordia. Dios es verdad y misericordia. Si nos lo perdemos a Él, entonces hemos perdido todo, y podemos perdérnoslo en el mismísimo momento en que estemos aparentemente celebrándolo. Podemos ser hallados culpables de carecer del verdadero conocimiento de Dios mientras estemos, al mismo tiempo, invocando Su nombre y cantando Sus alabanzas, experimentando emociones eufóricas, mientras que eso mismo, irónicamente, traiciona y nos oculta de la que es, de hecho, nuestra condición real.

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