AUTORIDAD O PODER? Por el Rev Nèstor Blanco

“La verdadera autoridad es de origen espiritual.  Esa autoridad procede del espíritu de aquel que ejerce la autoridad e impacta sobre las persona sobre quien la ejerce.  Cuando aquellos que ejercen autoridad no están viviendo en obediencia a su más alta autoridad  -que debe ser Dios-, entoncen no ejercen autoridad, sino poder, que es muy distinto”.

Es necesario que reconozcamos con honestidad que tenemos problemas con nuestras peticiones. Ya nos lo dijo el Señor: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” Santiago 4:3. Comprendamos que todas nuestras peticiones tienen una motivación y que ésta podría no ser sana; que puede no convenirnos y, en consecuencia, el Señor no nos la concede, ¡aunque lo declaremos!, justamente, porque Él es bueno. La voluntad soberana de Dios va a estar siempre por encima de nuestros gustos, deseos, anhelos, e incluso de nuestra fe. En el Getsemaní, Jesús le pidió al Padre algo de tal naturaleza, que si Dios se lo hubiese concedido, nosotros no fuésemos salvos: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Lucas 22: 41-42. La voluntad de Dios, en este caso, pasaba por el indescriptible sufrimiento moral de Jesús para que nosotros pudiésemos entrar a su Reino. En esa crucial circunstancia Cristo no “declaró” nada, sino que se sometió a la voluntad del Padre, porque eso era lo mejor. Algunas de nuestras plegarias están teñidas de un tono inmediatista y utilitario; como si Dios está a nuestra disposición para darnos incondicionalmente cualquier cosa que le solicitemos. El Señor espera que le pidamos preguntando, tal como lo hizo Jesús, qué es lo que Él, como nuestro Padre desea darnos

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La Voz del Corazón Cuando Oramos. Jean-Nicholas Grau

Me preguntas qué es esta voz del corazón. La voz del corazón es el amor. Ama a Dios y siempre estarás hablándole. La semilla del amor crece en la oración. Si no entiendes eso, nunca has amado u orado todavía. Pídele a Dios que abra tu corazón y encienda en él una chispa de su amor y, entonces, empezarás a entender qué significa la oración. Si el corazón es el que ora, es evidente que a veces, y aun continuamente, pueda orar por sí mismo sin ayuda de palabras, habladas o pensadas. Aquí interviene algo que pocos entienden y que algunos aun niegan por completo. Insisten en que debe haber actos definidos y formales. Están equivocados y Dios no les ha enseñado todavía cómo ora el corazón. Es verdad que los pensamientos se forman en la mente antes de que se vistan de palabras. La prueba de esto es que a menudo buscamos la palabra exacta y rechazamos una tras otra hasta que encontramos la correcta, para expresar con precisión lo que pensamos. Necesitamos las palabras para facilitarles a los demás que nos entiendan, pero no es así con el Espíritu. Y ocurre lo mismo con los sentimientos del corazón. El corazón concibe sentimientos y los adopta sin necesidad de acudir a las palabras, a menos que quiera comunicarlos a los demás o aclararlos a uno mismo. Porque Dios lee los secretos del corazón. Dios percibe sus sentimientos más íntimos, aun aquellos de los que no somos conscientes. Y si éstos son sentimientos acerca de Dios, ¿cómo no podría verlos, siendo Él mismo quien los planta por su gracia y ayuda a nuestra voluntad para adoptarlos? No es necesario usar acciones formales para que Dios nos escuche. Si las empleamos en la oración, no es tanto a causa de Dios sino de nosotros mismos, porque nos ayuda a mantener nuestra atención fija en su presencia. Nuestra debilidad requiere a menudo de la ayuda de éstas, pero no constituyen la esencia de la oración.

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