CAPÍTULO 12

A – LAS FIGURAS Y SU POSIBLE SIGNIFICADO (continuación…)

b-  El niño.

El lenguaje y el contexto implican sin duda de que se trata del Mesías. Además es notable que Juan se refiera al hijo que nace de la mujer con las palabras del Salmo 2:9, “los quebrantarás con vara de hierro.”

Al citar este salmo mesiánico Juan identifica a este niño varón el Mesías prometido por las profecías, es decir, Jesucristo. El cual según el Antiguo Testamento había de apacentar como soberano y dominador a Israel y a todas las naciones. Sería algo así como el lugarteniente de Jehová y trataría con dureza a quienes se sublevaran.

Aquí la mujer, recordemos, representa al pueblo elegido que en medio de grandes tribulaciones, dificultades y conflictos históricos permanentes logra dar a luz al Mesías.

Por otra parte, dice que el dragón, no pudo finalmente devorar al niño recién nacido porque “fue arrebatado para Dios y para su trono.” Vr. 5b

Sin duda que se está refiriendo a la ascensión de Cristo a los cielos, a la diestra del Padre, realidad esta, que significó la caída del dragón.

Llama la atención que Juan pasa del nacimiento de Jesucristo directamente a su ascensión, sin detenerse en su vida terrenal, y no es precisamente porque la desconozca, sino que quiere demostrar la impotencia de Satanás ante el poder omnipotente de Dios y de su hijo. También en su evangelio pasó por alto la infancia y la juventud de Jesús.

Lo que le interesa aquí es la continuación de la lucha entre el dragón y el niño, representado en sus seguidores. Debemos mencionar que a lo largo de su vida, Juan es un siervo marcado por las revelaciones de la gloria de Dios. Cómo una marca sobrenatural de su ministerio. Esto es muy importante porque marca un claro derrotero. El punto de llegada es uno solo para Juan: la gloria de Dios revelada en la persona de Cristo.

De todas maneras lo que hasta este punto del relato le interesa en sobremanera, es la continuación de la lucha entre el dragón y el niño, representado en sus seguidores. Jesús es el primogénito de muchos hermanos (Ro 8:29; Col. 1:15), que en su vida aquí en la tierra deberán identificarse con su misma suerte, dolorosa primero, gloriosa después.

Para el verdadero cristiano nunca hay dos caminos. Hay solo uno. El de su maestro. Deberíamos examinar siempre la profundidad de nuestro compromiso. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a seguir el ejemplo de nuestro señor? Y aunque nuestra respuesta sea débil, como nuestra naturaleza, una cosa es cierta, Jesucristo es el capitán que dirige los escuadrones de Dios. El no nos lleva hacia metas desconocidas. Sino por el camino que el ya vivió, recorrió y triunfó. Por eso el cristiano sabe, que aún en el peor de los casos, siempre será coronado con la victoria. Alentador, ¿verdad?