Cristianos y Cristianas adorando a Dios 24 horas al día!
Pablo Roman Caballero
Director
Curso: Soteriologia
LECCIÓN N.-12
TEMA:
LA SANTIFICACIÓN O SANTIDAD
TEXTO BASE:
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;…” (Efesios 4.11-13).
UNA VERDAD PRÁCTICA:
La voluntad de Dios, es la santificación# de la Iglesia; desnaturalizada a través de los siglos, por muchas manchas y arrugas. Los cristianos evangélicos de la actualidad, tenemos la responsabilidad histórica, de ponernos en las manos de Dios y de hacer nuestro mayor aporte, para el completamiento de nuestra condición humana (nuestra santificación); de modo, que podamos contribuir a la santificación de la Iglesia y al nacimiento del hombre nuevo individual y comunitario. “…mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6.11).
UN PUNTO DE PARTIDA:
El primer privilegio, es que nadie nos puede juzgar por cosas meramente externas. Dios ya ha hecho todo, no nos queda a nosotros ningún acto religioso externo para alcanzar la salvación o la santificación. En la santificación y el lavamiento, se tienen dos acciones complementarias. La santificación de la iglesia, es hacerla santa; mientras su purificación, podrá referirse al perdón de los pecados, que acompaña a la regeneración y se simboliza en el bautismo. El señor Jesucristo, es el modelo de hombre; además, de redentor. “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 2.13-14).
OBJETIVOS DEL TEMA:
Aprender, que el proceso de la SANTIFICACIÓN, trata con nuestro carácter y conducta; como hijos de Dios.
Conocer, como Dios nos declara justos; pero, por medio del Espíritu Santo, llegamos a ser justos.
Comprender, que la SANTIFICACIÓN es un proceso contínuo; desde su comienzo, hasta que nos arrepintamos totalmente.
Evidenciar, que la SANTIFICACIÓN significa: separarnos del pecado y dedicarnos totalmente a Dios.
La doctrina de la SANTIFICACIÓN, es de gran importancia; porque tiene que ver, con la vida diaria o constante del cristiano evangélico. Por lo que es, una consideración, supremamente práctica. Existen variadas enseñanzas, que han sido proclamadas, bajo este encabezamiento. Por eso es vital, examinar esta enseñanza, a fin de no ser llevado(a) por nociones falsas, en este gran tema. Ahora se hace necesario, conocer todos los beneficios que están disponibles; para todo el que cree, mediante esta provisión.
EL SIGNIFICADO DE LA SANTIFICACIÓN.
En las Sagradas Escrituras, la SANTIFICACIÓN tiene dos significados; uno es predominante y el otro es una consecuencia o depende como resultado del predominante. Es de gran importancia, que se mantengan, en este orden. La primera definición, viene al mencionar el tema, en su pureza; pero éste, no es su significado primario o predominante.
SIGNIFICADO PREDOMINANTE.
El vocablo «santificación» significa «ser hecho santo». Hace referencia, a la: dedicación, consagración o separación; para un uso específico y santo.
En el Antiguo Testamento.
Muchos objetos inanimados estaban santificados:
Casa.- “Cuando alguno dedicare su casa consagrándola a Jehová, la valorará el sacerdote, sea buena o sea mala; según la valorare el sacerdote, así quedará” (Levítico 27.14).
Terreno.- “Si alguno dedicare de la tierra de su posesión a Jehová, tu estimación será conforme a su siembra; un homer de siembra de cebada se valorará en cincuenta siclos de plata” (Levítico 27.16).
Los utensilios del templo.- “Asimismo hemos preparado y santificado todos los utensilios que en su infidelidad había desechado el rey Acaz, cuando reinaba; y he aquí están delante del altar de Jehová” (2 crónicas 29.19).
Esto significa, que los utensilios estaban apartado; para el uso, en la adoración a Dios. No podían utilizarse, para ningún otro propósito. Belsasar tomó los utensilios que estaban consagrados para la adoración a Dios y por eso Dios le destruyó; porque tomó vino en ellos, adorando dioses paganos. “Entonces fueron traídos los vasos de oro que habían traído del templo de la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y bebieron en ellos el rey y sus príncipes, sus mujeres y sus concubinas. Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra. En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía” (Daniel 5.3-5).
Las personas, también eran santificadas:
Los primogénitos.- En Israel eran apartados y santificados al Señor. “Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es” (Éxodo 13.2).
En la Santificación de cada apunte, aquí descrito, no hay implicación de algún pensamiento, acerca del lavamiento (pureza) moral. Simplemente, eran separados, para servir a Dios. Esta es una enseñanza muy importante, para el cristiano evangélico; quien debe reconocer, que es un instrumento escogido y apartado, para un propósito muy especial; que debe dar Gloria a Dios. En este sentido, ya está santificado.
Jeremías fue santificado, antes de nacer. “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1.5). Eso no indica, que Jeremías era perfecto; sino, que fue apartado y consagrado, para servir a Dios.
El Señor Jesús, expresó que fue santificado, por el Padre. “¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?” (Juan 10.36). También afirmó: “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17.19). El Señor Jesús, ya era perfecto; pero, estas citas explican el propósito, para el cual, Él fue apartado: Venir al mundo, para proveer la redención, a la humanidad. La palabra griega “ekklesía”, significa: los llamados aparte. Cada miembro de la Iglesia, ha sido llamado especialmente, para ser apartado y anunciar la Gloria de Dios. Es santificado ante Él, en el sentido predominante. La idea básica, es separarse de las relaciones que son contrarias a la voluntad de Dios; para establecer las que armonicen, con esa voluntad divina.
En el Nuevo Testamento.
La palabra «santo» o «santificado» (es la misma raíz), se aplica a personas que no son regeneradas. “Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?” (1 Corintios 7.14-16). Entonces explica: «El marido incrédulo, es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido, pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos». Aquí la declaración de que los hijos son «santos», no quiere decir necesariamente que sean regenerados, porque el padre incrédulo, también es declarado santo. Se ordena al marido o a la esposa cristiana evangélica, obrar por la salvación del incrédulo. Pablo dice: «¿Qué sabes tú, oh mujer, si quizás harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizás harás salva a tu mujer?» (1 Corintios 7.14-16).
Dios tiene un pacto con una familia, en la cual, al menos uno de los padres, es creyente. El hombre o la mujer cristianos evangélicos, tienen el derecho de reclamar el pacto de Dios y declarar: «Mi familia es una institución santa; mi marido (o mi esposa, como sea el caso) y mis hijos están en una relación santa con Dios». Es como cuando Dios estableció Su pacto con Abraham y dijo: « Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos» (Génesis 17.7-8). Esto no garantizaba, que todos los hijos de Abraham, serían regenerados. Pablo explica: «No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas,…» (Romanos 9.6; Romanos 2.28-29). Si alguien que ha tenido el privilegio de nacer, dentro de una familia del pacto de Dios, le da la espalda y rechaza su gracia, entonces Hebreos 10.29, indica que estará sujeto, a un castigo mucho más severo.
SIGNIFICADO CONSECUENTE O COMPLEMENTARIO.
Es el lavamiento y purgación, de la contaminación moral. Esta es una experiencia progresiva. No es semejante a la Justificación, que es un acontecimiento ocurrido una sola vez (no hay grados de progreso en la Justificación). La Santificación, es un tanto crisis, como también, proceso. Existe la Justificación posicional, pero no la Justificación progresiva. La Santificación, contiene tres factores de tiempo o aspectos o fases distinguidas, así…
Acto inicial o posicional.
En el momento cuando la persona nace de nuevo, es “santificada”. “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6.11). “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo”. Esta, es la santificación posicional. Es en ese momento cuando la santidad del Señor Jesucristo, es imputada en el creyente. Pero, todavía no es santo, en su diario vivir; sin embargo, la santidad del Señor Jesucristo, ha sido depositada o dispuesta a su favor. De esta misma manera, es semejante la justicia del Señor Jesucristo, colocada a favor del creyente, cuando es justificado.
El Señor Jesucristo ha hecho al creyente, tanto justificación, como santificación. “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1.30). Por lo que hay una diferencia entre justificación y santidad. La justificación, es una manifestación legal y está relacionada, con la rectitud del creyente. Se aplica a la conducta y lo que la persona realiza.
Ahora, en el caso de la santidad; ella está relacionada directamente con el carácter; es decir, lo que la persona es. Los creyentes son llamados santos, en el momento en que son salvos. “…a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:…” (1 Corintios 1.2). Es decir, literalmente llamados santos. Sin embargo, los hermanos Corintios, estaban lejos de ser la iglesia perfecta. Fueron acusados de ser carnales, como también, fueron culpables de numerosos y horribles pecados. Esta situación se convierte en una ilustración práctica, del primer aspecto de la santificación. Eran posicionalmente santos, por la santidad del Señor Jesucristo, imputada en ellos; pero, estaban muy distantes, de manifestar su santidad, en la vida práctica. En 1 Corintios 1.8, el apóstol Pablo les califica de irreprensibles; pero, en el resto de la carta, los culpa de todo mal comportamiento.
Los siguientes textos, fortalecen todo el argumento de este punto: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso:…” (Efesios 1.1). “…a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Colosenses 1.2). “Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios Padre, y guardados en Jesucristo:…” (Judas 1).
La base de esta santificación, es el sacrificio del Señor Jesús en la cruz. “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10.10). “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13.12).
Proceso práctico.
El apóstol Pablo, se refiere a los hermanos de Tesalónica, como: santificados. “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad,…” (2 Tesalonicenses 2.13). Sin embargo, ora por la santificación de ellos. “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 5.23). El apóstol reconoce, que estos hermanos eran santificados, en la santidad que les imputaba el Señor Jesucristo; pero necesitan, que esa santidad imputada, se realice progresivamente en su diario vivir cristiano evangélico.
De manera similar, se le enfatiza a los Colosenses. “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;…” (Colosenses 3.8-12). Los versículos 9 y 10, indican que ha sucedido algo en el creyente. Luego son amonestados, en los versículos 8 y 12. Ellos tenían algo posicionalmente, pero debían alcanzarlo de manera experimental, es decir vivirlo.
De esta manera, la santificación es considerada, como un proceso contínuo; a través de toda la vida del cristiano evangélico. No es algo negativo. Una persona no es considerada santa, por las cosas que no hace. La virtud, no puede ser juzgada por los vicios, de los cuales se abstiene el ser humano, Debe existir una conformación positiva, hacia el testimonio del Señor Jesucristo. Se debe observar como un crecimiento gradual, no hacia; sino, en la Gracia de Dios. “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 Pedro 3.18). “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3.18). Romanos 8.29; Filipenses 1.6.
No se encuentra ninguna promesa en las Sagradas Escrituras, en la que un cristiano evangélico estando en vida; alcanzará un carácter, que le impedirá pecar. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1.8). Algunos maestros enseñan, que es posible tener la experiencia de la santificación, una segunda obra de gracia. “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Juan 3.6). El corazón es purificado, limpiado y hecho santo. Es cambiado de esa naturaleza pecadora innata y de ese tiempo en adelante, las tentaciones vendrán de afuera; no desde lo interno del corazón santificado. Nadie jamás, llegará a ser perfeccionado, en esta naturaleza caída y confrontado por las tentaciones. Lo más importante, es que ya poseemos una victoria muy grande y gloriosa, después de ser santificados de manera posicional en el Señor Jesucristo; ahora la carne, tendrá de manera progresiva, que ir sujetándose al Señor Jesucristo, mientras estemos con vida y Él nos ayudará a vencer, si tenemos voluntad que querer hacerlo. De esta manera el pecado se va removiendo, poco a poco de nuestra vida.
Dios nunca edificará, sobre nuestra vieja naturaleza, carnal y pecaminosa. Siempre inicia, con algo nuevo. Por eso el Señor Jesús le dijo a Nicodemo: “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3.7). La carne, nunca llega a ser espiritual; tampoco espere, que llegue a ser. La misma carne que posee la persona más santa, es la misma que tiene, el peor de los pecadores. El apóstol Pablo, hace un paralelo con los dos primeros hijos de Abraham y expresa las dos naturalezas del creyente. “Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre. Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa” (Gálatas 4.22-23). “Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora” (Gálatas 4.29). La carne, siempre se opone al Espíritu. ¿Qué debemos hacer? “Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre” (Gálatas 4.30). Ismael, no podía ser el heredero. Debía ser expulsado. “Por tanto, dijo a Abraham: Echa a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de heredar con Isaac mi hijo” (Génesis 21.10).
Esta debe ser la manera, de tratar con la carne; por eso el apóstol Pablo amonesta: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6.11). La carne no podrá ser vencida, por erradicación. Siempre estará allí, en tanto que nosotros estemos en este cuerpo terrenal. Tampoco puede ser vencida, por supresión. Honestamente, con muchas las personas que han intentado obtener esta victoria, con el poder de su voluntad y esfuerzo sobre la carne; pero, han fracasado, de una u otra forma. Porque no solamente los pecados del creyente, son los sexuales, o por dinero o por poder; hay tantas maneras y formas de pecar, que realmente, casi nos dejan, sin esperanza alguna. Por eso la victoria, solo puede ser vista, mediante la identificación con el Señor Jesucristo. El apóstol Pablo expresó lo siguiente: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2.20).
El apóstol Pablo se ve identificado con el Señor Jesucristo, en Su muerte sobre una cruz. Él afirma: “Cuando el Señor Jesús murió, yo morí con Él”; identificándose con su naturaleza carnal. De igual manera, en la resurrección del Señor Jesús. Por eso podía expresar, que vivía en el Señor Jesucristo. Esta es la nueva vida, victoriosa y resucitada (Gálatas 2.20). De ahí que, el siga explicando: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6.3-4). Y el énfasis, realmente se encuentra aquí: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6.11). Esta es la parte práctica, que nos corresponde; considerarnos muertos, al pecado. “…sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado” (Romanos 6.6-7).
No existe ninguna esperanza bíblica, al efecto de que algunos cristianos, hayan muerto al pecado y otros no. Todos los que realmente han creído, están muertos al pecado, en el sacrificio del Señor Jesús; pero, no todos los creyentes, han tomado las riquezas que fueron provistas para ellos, en esa muerte. No se les está pidiendo que mueran experimentalmente, se les motiva, a que se reconozcan verdaderamente muertos al pecado (Romanos 6.6). Sin olvidar, que después de esa muerte, siguió la resurrección (Romanos 6.5). Ahora corresponde hacer, la parte práctica y diaria. “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia” (Romanos 6.12-13). ESTA ES LA SANTIFICACIÓN PROGRESIVA. ALELUYA.
También se requiere comprender, el significado de las palabras en la Biblia; tal es el caso de la palabra: “perfecto”. En el Nuevo Testamento, se encuentra la perfección de los hijos de Dios. “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7.1). “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5.48). El sentido de esta palabra “perfecto”, indica realmente “madurez”, crecimiento espiritual, no perfección sin pecado. “…Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé” (Génesis 6.9). Pero su embriaguez y vergüenza posterior; indica que no era perfecto y sin pecado (Génesis 9.20-27). Job es mencionado en las Escrituras, como perfecto y sin pecado. “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1.1). Pero más tarde, Job dice lo siguiente: “Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42.6).
La madurez, depende de un crecimiento constante. Se puede mencionar que una manzana verde, está perfecta; para esa etapa de su desarrollo y aún no está madura. Es posible que pueda ocurrir lo mismo, con el fruto del Espíritu (Gálatas 5.22); que es perfecto en la vida de un cristiano, aunque no haya alcanzado su plena madurez. “…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;…” (Efesios 4.13).
Hay una cita en las Sagradas Escrituras, que ha causado múltiples malentendidos y es la siguiente: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3.9). Esto se aclara cuando se examinan los tiempos de los verbos, todos ellos están en tiempo presente; mientras que el apóstol Juan enseña, que el que es nacido de Dios, no practica el pecado. No es la experiencia usual, de su vida. Pecar, es lo usual en el pecador y lo inusual, es en el creyente.
Acto completo o final.
La perfección sin pecado y el ser completamente santificado, aguardan el traslado de la Iglesia o después, en la Segunda Venida del Señor a la tierra, con Su Iglesia. En ese instante, el creyente será liberado del dominio de la carne. “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3.20-21). “…para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3.13).
Hemos sido salvados, del castigo por el pecado; estamos siendo salvados, del poder del pecado y seremos salvados, de la presencia del pecado. “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3.2). Mientras tanto, debemos motivarnos. “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 Pedro 3.18). Al tener la esperanza de la Gloria del Señor, estaremos como contemplando en un espejo, lo que nos va a suceder. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”.
LOS MEDIOS DE LA SALVACIÓN.
Como sucede en las tantas fases, de la experiencia cristiana; existe un medio divino de santificación, como una intervención humana, por la otra parte.
POR EL LADO DIVINO.
La intervención del Padre. Es JEHOVÁ.
El Señor Jesús oró al Padre, por sus discípulos. “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17.17). El apóstol Pablo oró al Padre. “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5.23-24). El Padre reconoce la santidad del Señor Jesús, a favor de los creyentes. “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;…” (1 Corintios 1.30).
La perfección del creyente, seguramente es una obra de gran importancia, para el Padre. “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Hebreos 13.20-21). Esto puede evidenciarse, cuando el Padre recurre a medidas disciplinarias, que adelantan el proceso en la vida del cristiano. “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad” (Hebreos 12.9-10).
La intervención del Hijo. Es el Señor JESUCRISTO.
Mediante el derramamiento, de Su propia sangre preciosa. “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebreos 10.10). “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta” (Hebreos 13.12). “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5.25-27).
La intervención del Espíritu Santo. Como nuestro AYUDADOR.
El poder y la unción moradora del Espíritu Santo, es quizás, el agente más grande, que puede darnos la victoria sobre la carne. “…elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas” (1 Pedro 1.2). “…para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo” (Romanos 15.16). “…porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8.13). “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5.17).
Las obras de la carne, están mencionadas en el Nuevo Testamento. “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5.19-21). Y en contraposición, se encuentra el fruto del Espíritu. “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5.22-23).
Indiscutiblemente, es un contraste sorprendente. Cuán importante, es que cada cristiano, pueda aprender a vivir en el Señor Jesucristo; Él es la viña, que puede dar fruto, sobre la rama de Su propia vida. “Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15.4-5). El Espíritu Santo, es un maravilloso santificador. Cuando los creyentes han recibido la plenitud del Espíritu Santo, las cosas del mundo, pierden su interés o atractivo. Cuando el Espíritu Santo, ha llenado un corazón; realmente, existe muy poca afición, por aquello que desagrada a Dios. “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne” (Gálatas 5.16).
POR EL LADO HUMANO.
Sin duda alguna, Dios es quien santifica al creyente. Ningún ser humano, podrá hacerlo por sí mismo. El apóstol Pablo enseña: “…porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2.13). Por otra parte en las Sagradas Escrituras, se motiva al creyente a que reconozca, que nadie puede actuar por otro y que se requiere de su participación. “Santificaos, pues, y sed santos, porque yo Jehová soy vuestro Dios” (Levítico 20.7). “…porque entonces no la podían celebrar, por cuanto no había suficientes sacerdotes santificados, ni el pueblo se había reunido en Jerusalén (2 Crónicas 30.3). Ezequías encontró en la Ley, que Israel, debía celebrar la pascua, el primer mes de cada año; no lo estaban haciendo, así que el rey ordenó, que la celebración se mantuviera. Por no estar preparados los sacerdotes, les dio treinta días más, para que se santificaran. Josué 3.5; 2 Corintios 7.11; 2 Timoteo 2.20-21. ¿Qué puede hacer un creyente, para santificarse, limpiarse y purgarse? Puede emplear los medios que Dios ha provisto y colocado a su disposición; tomando la limpieza y santificación, que Dios ha puesto a su favor. ¿Cuáles son esos medios, que están a su disposición?
La FE.
Es por la FE, que el creyente se apropia del poder de la sangre santificadora del Señor Jesucristo. “…para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26.18). “…y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones” (Hechos 15.9).
La OBEDIENCIA a la Palabra de Dios.
La Palabra de Dios, es un gran medio de santificación. “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Juan 15.3). “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17.17). “…para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,…” (Efesios 5.26). “…pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1.7). Dejarse guiar por la Palabra de Dios, en caminar en luz. “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmo 119.105). De la única forma, en que la Palabra de Dios, se pueda convertir en un agente limpiador en nuestras vidas, es mediante la obediencia a ella. Esa obediencia, debemos colocarla nosotros.
ENTREGAR el control de su vida, al Espíritu Santo.
La acción del Espíritu Santo, es obligar al creyente. Su mover, es mediante una rendición y una cesión de nuestro cuerpo a Él. Él es quien toma la Palabra y con su Gracia, hace claro el mensaje; persuadiendo al oyente, para que pueda obedecerle. “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir” (Juan 16.13).
CONSAGRACION personal.
Con la experiencia inicial de la santificación, esta da a lugar en la conversión; entonces Dios separa al creyente, como a un instrumento escogido, para Su uso y Gloria. Cuando el creyente toma la decisión, de apartarse de las cosas del mundo y de la carne; se rinde a la perfecta voluntad de Dios, para su vida. Este creyente, ha reconocido y recibido al Señor Jesucristo, como su Salvador; por lo que ahora, entrega su vida, al que le es Rey y Señor personal. Aquí se consolida, el verdadero acto de santificación. “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12.1-2).
Esta rendición definitiva, a Dios; constituye la condición adecuada, para la santificación práctica. Esto involucra, entregar todo nuestro cuerpo a Su voluntad. “…ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia” (Romanos 6.13). “Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia” (Romanos 6.19). “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Timoteo 2.21).
CONCLUSIÓN:
Cuando un experto conocedor del bronce fino, comienza a hurgar entre la basura, en las afueras de la ciudad; de repente, descubre un objeto de bronce, en condiciones muy deterioradas: está sucio, viejo, manchado y golpeado. En su experiencia, al analizar el objeto, reconoce su calidad y valor. Abre un camino en medio de la basura, llega hasta el, lo levanta y lo aparta. Cuando hace esto, recupera el objeto. Esto aplicado al contexto humano, se denomina santificación inicial. Por supuesto, este artesano experto, debe dedicar muchas horas, para limpiar el objeto; luego debe alisar las abolladuras, es decir, restaurarlo a su estado inicial y finalmente pulirlo o lustrarlo; hasta que llegue a ser algo bello y de gracia a su casa, sobre una mesa; porque ha surgido, una hermosa vasija de bronce fino. Este proceso de santificación en el hombre, es la segunda definición de la santificación.
Cuántas veces hemos pedido a Dios, que nos limpie; tal vez su respuesta sería, límpiate a ti mismo. Existen muchas formas, para mantener nuestros pasos, fuera del camino que nos conduce al pecado y a nuestros ojos, de todo lo que nos llama la atención y se convierte en tentación. Podemos leer o estudiar la Palabra de Dios; orar y buscar el rostro de Dios; mantenernos en un lugar y gozar de la compañía espiritual de otros. Cuando hacemos esto, Dios realmente, hará Su parte. Dado que uno de los propósitos de Dios, es hacer al hombre santo; para que el hombre sea santo, debe rendirse totalmente a Dios, a fin de que Dios pueda perfeccionar Su obra en él.
Un problema trascendental, es la hora de la MUERTE. No se sabe que exista otro medio, para estar siempre preparado, a bien morir; como la doctrina de la santificación, del momento presente. Nadie sabe ni el día, ni la hora, en que ha de morir. Sólo sabemos, que nuestra vida no tiene de real, más que el instante actual; es lo único, que hay que santificar y ¿quién mejor preparado para la muerte, que el que está santificando su último ahora? Hay que ceñir toda la vida y toda la actividad, a ese instante que está transcurriendo; pero esta actividad, si ha de ser fecunda, debe ser moderada. Es su cualidad más necesaria y quizás, la menos estimada. Hemos afirmado, que en nuestro hacer, no debemos olvidar que hacer, sobre todo: es dejar hacer al Señor.
¿Qué sabemos nosotros, del Plan divino? Conocemos una verdad muy importante y es que el momento presente es la revelación de la voluntad de Dios para nosotros y en él, está encerrada la gracia necesaria para santificarlo. Por tanto, limitar nuestra vida a santificar lo que Dios nos da que hacer o que sufrir a cada instante, equivale a decir: que nuestra actividad es conforme al Plan de Dios. Toda santidad para cada uno, depende del cumplimiento de la voluntad de Dios. Pero aunque depende de eso, no consiste en eso; sino, en la posesión de Dios por la misericordia. Quiere esto decir sencillamente, qué si quieres llegar a la unión con Dios debes, seguir el PLAN y acción de Dios; es decir, cumplir su voluntad... Toda santidad depende del cumplimiento de la voluntad de Dios y este cumplimiento, es también el mayor efecto y manifestación de la santidad.
EVALUACION
Para esta Clase, necesitas presentar una Exegesis. Lo vas hacer en una forma muy basica. Vas a ir al comienzo de la clase, y por cada seccion vas a escribir un parrafo de 5 oraciones resumiendo en TUS PROPIAS PALABRAS (NO REPITIENDO LO QUE DICE EL ESTUDIO) lo que se dice en esa seccion, asi como si tu fueras el maestro y lo estuvieras enseñando a otras personas.
Esto lo haras hasta llegar a la conclusion. El proposito es irte preparando mas estudios mas avanzados, ya que la Exegesis se usa mucho en estudios post-grado. Gracias.
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Dios mismo enseño a perfeccionarnos en el evangelio para poder ser buenos mensajeros y transmitir la verdadera voluntad de Dios, ( Efesios 4: 11-13)
La iglesia ya santificada debe vivir para agradar a Dios llevando el mensaje y buscando la santificacion de toda la humanidad llevandoles el mensaje de salvacion que tenemos en Jesucristo nuestro señor. (1Cor 6: 11)
Partimos que somos privilijiados ante los ojos de Dios, por eso nos mostro su maximo amor para con nosotros que aún siendo pecadores Cristo murio por el perdon de nuestros pecados y para darnos vida eterna, por eso desde el momento que le aceptamos en nuestro corazón empezamos a ser santificados para Dios atraves de la ayuda del espiritu santo que mora en nosotros.
El mejor ejemplo de santificacion nos lo ha revelado Jesús, cuando dijo que él hebia sido santificado por el padre y fue enviado a este mundo a ser santo y asi siendo Dios echo hombre morir por nosotros.
Al morir Jesús en la cruz del caslvario nos santifico y nos hizo libres de todo pecado limpiandonos con su sangre, es diferente decir que somo justificados por su sangre y que somos santificados con su sangre.
La santificacion empieza en el cambio que hace Dios en nuestro caracter a traves del espiritu santo y es asi que empesamos a vivir en santidad para agradar y servir a Dios, cuando reconocemos que hemos pecado y nos arrepentimo y nos apartamos del pecado en el nombre de Jesús es ahy que por su sangre fuimos justificados y perdonados de toda mancha de pecado.
Por eso todos los dias de nuestras vidas tenemos una lucha contra nuestra propia carne porque es ella quien trata de dañar nuestro espiritu, por eso debemos vivir en oracion yguiados siempre por el espiritu santo, no podriamos buscar una vida en santidad sin aceptar a Jesús en nuestros corazones y sin la llenura plena del espiritu de Dios en nuestras vidas.
Gracias a Dios y padre nuestro que aumentando nuestra fe en él podemos ser barro en sus manos y asi nos moldea deacuerdo a su voluntad y el proposito que tiene para con cada uno de sus hijos.
Yo pido oración por mi y por todos mis hermanos en Cristo pues debemos fortalecernos unos a otros por que la lucha es dura y debemos ser unidos en oración, con toda suplica y lloro por los perdidos y por nosotros.

© 2012 Creado por Pablo Roman Caballero.